«Hermandad del Valle» por RVDO. Padre Fray Fco. Javier Jaén Toscano

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HERMANDAD DEL VALLE

“Una gran señal apareció en el cielo: una
mujer vestida del sol, con la luna bajo sus
pies y una corona de doce estrellas en la
cabeza”.
(Ap 12,1)

Lo que uno sabe de la Hermandad del Valle es lo que le contaron sus mayores, siempre buenos recuerdos. Historias de amores y desamores, prevaleciendo siempre los primeros.

Predicar el Septenario del Valle es vivir y sentir en mi interior la experiencia de un amor que pervive a pesar del tiempo y de la distancia. Es sentir a María Santísima del Valle que nos llama, que me llama a vivir con Ella y con la Hermandad unos días de reflexión, de oración y de fiesta.

Celebrar las fiestas de María es celebrar la decisión del Padre, que teniendo que elegir una habitación terrestre para su Hijo, no piensa en un palacio, sino en un cuerpo, en un corazón de carne. Y hace esta morada, María, “llena de gracia”.

Celebrar las fiestas de María es celebrar que la tierra, que con frecuencia se presenta egoísta, ha producido su fruto más hermoso. En nuestro desierto ha brotado una flor encantadora. El mundo del rechazo, muchas veces cerrado e impenetrable, ha ofrecido un espacio de acogida. La humanidad, a veces envejecida y desorientada, después de una serie interminable de productos de poca calidad, después de tantas pruebas decepcionantes ha sido capaz de sacar de su tronco un brote inesperado, nuevo, intacto.

María es la nueva oportunidad que Dios nos ofrece para restablecer el orden querido por el mismo Dios al comienzo de la creación, cuando todo estaba bien.

María es el espejo inquietante de lo que podemos ser, de lo que puede ser nuestra vida si no nos alineáramos en la parte equivocada, si no apostamos obstinadamente por el rechazo. María es la oportunidad que Dios nos ofrece para cambiar nuestra vida y recuperar “la imagen y semejanza de Dios”

El de María nos resulta difícil. Sobre todo cuando se trata de aceptar la propuesta de Dios para una vida mejor. Difícil, pero no imposible, el Dios que nos invita a seguirle y nos crea para ser su imagen, nos da en María una Madre y un modelo a imitar.

Celebrar a María es decirle sí a ella, que la aceptamos y queremos como Madre, que la imitamos en la vida de oración y de compromiso con Dios y con la Iglesia. Es decirle que vamos a intentar ser como Ella quiere que seamos.

Fco. Javier Jaén Toscano
Carmelita Descalzo

 

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