Crónica de un Éxodo

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Recuperamos un artículo publicado por nuestros hermano D. Rafael Antonio Delgado Rodríguez, publicado en febrero de 2010 en el boletín “Coronación” que edita esta Primitiva Archicofradía. Lo compartimos nuevamente hoy, día en que la Hermandad de la Coronación cumple L años de estancia en la iglesia de La Anunciación.

 

CRÓNICA DE UN ÉXODO

 

Por Rafael Antonio Delgado Rodríguez. Enero de 2010

 

Con mi recuerdo emocionado para D. Fernando Duque Calderón, Mayordomo, y D. Rafael Delgado Artigas, mi padre y Prioste, protagonistas de una época.

 

Con motivo de cumplirse los cuarenta años del traslado de la Hermandad a la iglesia de la Anunciación, la Junta de Gobierno de esta Archicofradía ha tenido a bien solicitarme un artículo sobre dicho traslado. Dicha petición viene motivada por haber sido Secretario de la Hermandad en esas fechas, así que en primer lugar,

quiero decir que estoy encantado y agradecido por dicho encargo, y también decir que fui Secretario del traslado por mera casualidad, ya que en la Junta del bienio 1968-1970, con D. Antonio Leal Castaño, un hombre bueno, como Hermano Mayor, yo era Archivero, siendo D. Antonio Pedro Rodríguez-Buzón Pineda el Secretario Primero, pero este hombre, famoso en toda Sevilla, el Pregonero por antonomasia, era una persona muy ocupada, que no podía dedicarle a la Hermandad todo el tiempo necesario. Y tras haber ocupado yo, interinamente, el cargo en todos los Cabildos y en el quehacer diario, el día 26 de Mayo de 1969 presentó su dimisión irrevocable, nombrándoseme para sustituirle, según recogían las Reglas, contando entonces con 22 años de edad, y en la misma reunión se nombra para Secretario Segundo, Archivero, a D. Manuel Lombilla Durán, a la sazón consiliario asesor, así que de carambola, y de una sola tacada, me convertí en el último Secretario del Valle en el Santo Ángel, y el primero en la Anunciación.

Pues bien, empezaré recordándoos que el planteamiento y gestación del traslado fue una cosa vista y no vista, porque aunque anteriormente hubo intentos de marcha a San Hermenegildo, e incluso a una capilla de fábrica nueva en un solar de calle Monardes, todo se fue desestimando, y aunque lo anhelábamos, la primera vez que se habló en Cabildo de la posibilidad de irnos del Santo Ángel fue en 25 de Noviembre del 69, y el que sacó el tema fue, curiosamente, el Prior de los Carmelitas Descalzos, Padre José Ferreira, quien comentó que le había llegado el rumor de que queríamos irnos. Este Cabildo se realizó en la Secretaría, por no poder disponer de la Sala de Cabildos. Seguidamente, en el Cabildo de Oficiales de fecha 9 de Enero del 70, se incluye por primera vez en el orden del día, el punto relativo a “Posibilidad de traslado”, y allí, D. Miguel García Bravo- Ferrer, que era Primer Teniente de Hermano Mayor, nos comunica que “mi sobrino Chano (Prof. Dr. D. Sebastián García Díaz), hace gestiones que pueden cristalizar en breve”.

A continuación viene el Cabildo General Ordinario de Cuentas y Salida, en el que no se dice ni una palabra del tema en cuestión, y ya estamos a 19 de Febrero. ¡Un mes antes de la fecha en que nos fuimos! Por fin, en el Cabildo de Oficiales del 1 de Marzo, se da por recibida una comunicación de la Dirección General de Bellas Artes en la que, escuetamente, “Se autoriza el traslado de la hermandad de la Coronación al templo de la Anunciación, capilla de la antigua Universidad”. En dicho Cabildo se acuerda el sí al traslado por parte de la Junta de Gobierno, a expensas de lo que decida la Hermandad en un Cabildo General Extraordinario con ese sólo punto en el orden del día, a celebrar urgentemente, el domingo próximo.

Efectivamente, ese Cabildo se celebró el domingo 8 de Marzo, y acudimos a él 49 personas, que fuimos los que decidimos el sí unánime al traslado, y de los que, cuarenta años después, vivimos unos 15. Se decide que la marcha se realice el Viernes de Dolores ¡12 días después! No fue fácil, a pesar de todo, la decisión tomada. El Santo Ángel era nuestra casa para todos los hermanos de la cofradía, y no quisiéramos haber tenido que irnos, pues fueron muchos años de cariñosa convivencia con la Orden Carmelita, aun con los pequeños roces inevitables derivados de un contacto diario. Pero esa relación se hacía cada vez más difícil, y en la última época se había deteriorado. Tras la remodelación y obra en la iglesia, ya no teníamos mesa de altar, y por lo tanto, era imposible tener misa ante nuestros Titulares, no teníamos luz eléctrica en el altar y alguna otra dependencia, y se nos impuso la obligación de solicitar permiso ante cualquier cosa que hiciera la hermandad, en nuestro altar y en las dependencias, “como clavar una puntilla en la pared” según palabras del Padre Prior, que era nuestro Director Espiritual, dirigidas a la Junta en Cabildo, así como que el local donde estaba nuestra secretaría había pasado a ser, en decisión del anterior Prior, Fray Ismael de Santa Teresita O.C.D., el lugar de confección de la revista “Miriam”, la Sala de Cabildos, costeada por la Hermandad era, casi siempre, imposible contar con ella, hasta el Domingo de Ramos al medio día no dejaban entrar el Paso de Virgen en la iglesia para su montaje, y los de Cristo el Lunes Santo ¡Tres días para montar tres Pasos! El año anterior, el Jueves Santo, a la entrada de la Cofradía, aunque parezca mentira, dos frailes con una alpargata en la mano nos iban apagando los cirios a las puertas de la iglesia, teníamos problemas con el local de la Sociedad Económica del que disponíamos, etc. etc. La relación antes era fluida, pero a partir del Priorato de Fray Ismael, 5 ó 6 años antes, se había ido deteriorando, y claro, como ellos eran los que estaban en su casa, aunque durante algunos años difíciles la Hermandad fue la guardiana del templo, hoy nos tocaba marchar.

Porque la relación personal es lo que tiene, que todo va miel sobre hojuelas y rueda estupendamente, pero cambian las personas y cambian las afinidades y afectos. En ese Cabildo, por último, se acuerda agradecer a nuestro hermano D. Sebastián García Díaz, verdadero pilar de la cesión, a D. José Hernández Díaz, Director de la Escuela de Bellas Artes, y a D. Florentino Pérez Embid, Director General de Bellas Artes, el haber hecho posible el cumplimiento del sueño anhelado.

La Anunciación se estaba usando como almacén de maderas, y por tanto estaba todo bastante abandonado y sucio, el suelo, en mal estado, de losetas de cemento ajedrezado blanco y negro, paredes de cal, los enterramientos de personajes ilustres en la nave central, algunos con barandilla de hierro, sin megafonía en la iglesia, sin apenas luz, ni bancos ni sillas, ni órgano, con muchas de las puertas cerradas con candados sin llave, nada de ornamentos sagrados ni los útiles más indispensables para el servicio divino, como albas, casullas, corporales, capa pluvial, en fin, no era una iglesia, sino el lugar que lo había sido, y que pretendíamos volver a recuperar para el culto. Tampoco había un sitio medianamente digno para reunirnos, ni para guardar nada. La verdad es que fue ímprobo lo que se hizo. No se me olvida el trabajo de ingrata limpieza que realizaron algunas decididas hermanas, así como Juan A. Manzano, el primer capiller, y lo que tuvimos que trabajar los hermanos, y el dinero que costó el que aquello estuviese al menos presentable.

Es fácil el imaginar la frenética actividad de una hermandad poco numerosa que, en breves días, tiene Besamanos y posterior Septenario a la Virgen, con Subida al Altar y Bajada, Misa de Comunión (con su Eminencia Reverendísima el Arzobispo Cardenal de Sevilla, Dr. D. José Mª Bueno Monreal), luego la Función Principal de Instituto, (con panegírico a cargo del conocidísimo y prestigioso orador sagrado Rvdo. Padre José Manuel Benítez Carrasco S. J., Consiliario de Honor), y a la vez, prepara la mudanza de todas sus pertenencias de un templo a otro, con los Pasos montándose mientras en la iglesia de la Universidad, limpieza y adecentamiento de dicho templo, preparación de la procesión de traslado, preparación de la salida de Jueves Santo, confección de la nómina de la Cofradía, recogida del Altar de Septenario del Santo Ángel…

Baste decir que el primer día del Besamanos fue el 7 de Marzo, y nos fuimos el 20. Y todo ello, en una época de penuria económica, pues, entre otras cosas, se habían restaurado recientemente los dos pasos de Cristo. Quien lo vivió no lo olvida.

Pues bien, ya es Viernes de Dolores, la Función fue preciosa, con gran afluencia de devotos, y elevado número de comulgantes, Función que pude disfrutar doblemente, por proclamar la Protestación de Fe, y por cantar la Misa formando parte del Coro, posterior Almuerzo de Hermandad y ya por la noche, el público abarrotaba el templo, entrando por la calle Rioja, mientras los hermanos lo hacíamos por la puerta chica de Muñoz Olivé. Tras la emocionante bajada de la Virgen por última vez del Altar de Septenario en aquella iglesia, canto de la Salve Regina, palabras de despedida del Padre José Ferreira, que provocó murmullos, y educada contestación del Hermano Mayor. Tras ello se inició la procesión, que transcurrió por Rioja, Cerrajería, Cuna y Laraña, entre un numerosísimo público enfervorizado. Tan multitudinario e importante fue dicho traslado, que baste decir como muestra, que dos días después, nada menos que el Domingo de Ramos, la portada de ABC de Sevilla, a toda plana, era una foto de la Stma. Virgen del Valle durante la procesión de traslado. Antes de continuar con la crónica de nuestra salida del templo de calle Rioja, quiero decir que el discurso de despedida del Prior Carmelita, fue distante, frío e injusto, y que ello motivó que, en El Boletín de las Cofradías de Sevilla, Órgano Oficial del Consejo General de Cofradías, en su número 127, correspondiente al año XI de dicha publicación, editado en Abril de 1970, con la Virgen del Valle entrando en la antigua iglesia de la Universidad como portada, D. Miguel García Bravo-Ferrer, que me sucedió en el cargo de Secretario, siendo el primero electo en el nuevo templo, escribió una carta dando públicamente las quejas por dicho comportamiento. De todo esto que digo tengo documentación, e igualmente, las Actas de Cabildo de esas fechas que están escritas de mi puño y letra, firmadas y rubricadas.

D. Miguel, en esa carta abierta dice creer que llegó un momento que estorbábamos allí, porque lo cierto es que al poco tiempo de nuestra marcha, se vendieron tanto el edificio de la Sociedad Económica, como el Convento del Santo Ángel, y yo opino exactamente lo mismo, porque se derribó para construir pisos de lujo, garajes y locales comerciales, y nosotros éramos como esos inquilinos de renta antigua que molestan para el derribo de casas viejas.

Pero vayamos a la procesión: La comitiva iba encabezada por la Cruz de Guía con sus dos faroles, seguidamente las hermanas con velas delante de la Santa Espina, que era portada en su pasito por cuatro acólitos con dalmáticas blancas, precedida por faroles de mano a cargo de hermanos. A continuación la presidencia formada por don José Hernández Díaz, Director de la Escuela de Bellas Artes, D. Mariano Pardo Manrique, Primer Consiliario, y D. José Mª Salvador Almeida, e inmediatamente detrás, sobre un pasito cedido por la Hermandad de la Hiniesta, adornado de claveles rojos, iluminado por dos guardabrisas de los que lleva en las esquinas de la parihuela el Paso de la Calle de la Amargura, y a hombros de hermanos, el Stmo. Cristo de la Coronación de Espinas, que estrenaba para la ocasión la clámide que le regaló un grupo de hermanos jóvenes, con una auténtica fíbula romana, regalo de D. Jaime Arráez Fernández, Diputado Mayor de Gobierno en esos días, clámide de la que habló en un artículo para la prensa el Hermano Mayor, la misma clámide púrpura, realizada graciosamente por don José María O`Kean, de corte y tamaño real según patrón histórico y dibujos de la época que, caída en desgracia, detenta hoy una figura secundaria, a pesar de ser una prenda del Señor y para el Señor. Este paso iba precedido de un grupo de cantores. A continuación, y tras filas de hermanos con cirio, la presidencia, formada por D. Luis Ortiz Muñoz, el representante del Rector de la Universidad de Sevilla, y otros hermanos distinguidos, y seguidamente, en un pasito prestado para la ocasión por la Hermandad de Pasión, y portado por hermanos, Nuestro Padre Jesús con la Cruz al Hombro, con la túnica lisa que le donaron sus Camareras, las recordadas hermanas Jiménez-Placer, y que confeccionara Cerezal, sobre un suelo forrado de claveles rojos, y con la sola luz de otros dos guardabrisas. Continuando con el cortejo, más hermanos de cirio, las varas y estandartes de las Hermandades que nos acompañaron en el traslado, Estrella, Montserrat, Pasión, Estudiantes, y Amor, precediendo al nuestro, y la Comunidad de Padres Carmelitas Descalzos.

Inmediatamente detrás la presidencia del tercer pasito, que estaba formada por el Alcalde de Sevilla, D. Juan Fernández Rodríguez García del Busto, el Hermano Mayor, don Antonio Leal Castaño, y quien presidía, el Gobernador Civil de la Provincia, Sr. Muñoz González Bernardo de Quirós, y detrás las andas de la Virgen, precedidas por cuatro faroles altos y muy luminosos, del siglo XVI, que se solicitaron a la hermandad de la Divina Pastora de las Almas de Santa Marina, que daban la sensación de algo antiguo y único, y a los pies de la Santísima Virgen, vestida con sus mejores galas, tal y como había permanecido en el Septenario, con el manto de camarín regalo de sus Camareras, y dando luz a sus ojos, los dos faroles redondos de plata del segundo paso. Todo el camino estuvo abarrotado, y a pesar de las altas horas de la madrugada, casi no se podía andar. Portando numerosos devotos, que se relevaban, las andas de las tres Imágenes Titulares.

Una vez llegados al nuevo templo, por el Diputado de Cultos, Rvdo. Padre Federico Mª Pérez y Sánchez-Estudillo, se entonó una salve, que se cantó en medio de gran emoción.

El Jueves Santo, fue ingente el número de personas que acudieron a ver los Pasos en el nuevo templo, y aparte de muchas Hermandades que ofrendaron ramos de flores en prueba de cariño, nos visitaron dos Ministros del Gobierno, en concreto el Ministro de Obras Públicas, D. Federico Silva Muñoz, y el Sr. Ministro de Gobernación. Y por la tarde, el Nuncio de Su Santidad, acompañado por el Obispo Auxiliar y Vicario del Arzobispo. Por cierto que ese año no pudimos salir por lluvia, que deslució el Jueves Santo, así como el del año siguiente.

También quiero comentar que al día siguiente del traslado al nuevo templo, la Hermandad ya celebraba cultos, y el propio Domingo de Ramos procesionó la Bendición de Palmas, el Jueves Santo, tras la misa “In Coena Domini” hubo traslado a un modesto pero digno Monumento, y a partir del Lunes de Resurrección, se pudo ofrecer a la intención y devoción de sus hermanos y fieles en general la celebración de dos misas diarias. Quiere esto decir que, desde el primer momento, le dimos a Sevilla un nuevo templo abierto al culto.

Por último, quiero hacer constar que el día que nos vinimos a la Anunciación se cumplían los cinco años justos de la traslación de la Santa Espina de Cristo, desde la iglesia de San Martín hasta la del Santo Ángel, que ocurrió el 20 de Marzo de 1.965. Así que cumplimos el mismo día, 20 de Marzo, 40 años de la venida a la Anunciación, y 45 de la recuperación de la Santa Reliquia. Pero esa es otra historia. De todo lo cual, como Secretario que fui, doy fe.