Carta del Hermano Mayor

0
401

Queridos hermanos:

Vivimos momentos graves y sin precedentes en nuestros tiempos. Hemos visto en el día de ayer cómo las Autoridades Civiles y Religiosas se han visto en la obligación de suspender el Culto, cerrar templos, limitar la libertad de los ciudadanos y tomar todas las medidas que de sobra conocéis, para luchar contra este enemigo invisible, pero letal; esta pandemia del siglo XXI.

Cómo no, esta situación nos afecta especialmente ya que nos adentrábamos en los días de los Cultos en honor de Nuestra Señora del Valle, con el culmen de la Fiesta Principal de nuestro Instituto el Viernes de Dolores, la Estación de Penitencia del Jueves Santo y otros eventos de relevancia para la vida de nuestra Primitiva Archicofradía como el Cabildo General de Cuentas, así como otras actividades de nuestra vida cotidiana que se ven aplazadas sine die por el estado de alarma y las decisiones que las Autoridades han tomado en consecuencia.

Pensemos que, como cristianos que somos, tenemos que dar un sentido transcendente a esta situación que vivimos; aunque nos parezca increíble no podremos cumplir comunitariamente en público nuestras tradiciones, pero podemos elevar al Señor nuestro corazón en estos días, ofreciendo nuestros sufrimientos y nuestras oraciones por el mundo, por nuestra Patria, por nuestra Ciudad, por nuestra Hermandad y por todos los que están sufriendo por causa de esta enfermedad.

Me gustaría animaros a que dedicarais más espacio a la oración en este tiempo de confinamiento en vuestros hogares, encontrando alimento espiritual en la Palabra de Dios y en el Santo Rosario. Igualmente, me gustaría animaros a celebrar el Septenario Doloroso a Nuestra Señora del Valle en vuestro corazón o en familia en vuestras casas. Los siete días. No poder congregarnos no significa que no podamos estar en comunión, en Hermandad, cada uno desde donde esté ofreciendo al Señor nuestra oración. Intentaremos facilitar el ejercicio del Septenario por los medios digitales para que todos podamos disponer de ellos y rezarlos cada día.

Igualmente, el Jueves Santo será una jornada diferente, en muchos sentidos. No sabemos aún si podremos acudir a algún templo a adorar al Señor en el Sagrario o si deberemos permanecer en casa; pero de cualquier modo tenemos que hacer nuestra particular estación de penitencia, teniendo muy cerca a Cristo en su Coronación de Espinas y en el tránsito por la calle de la amargura con la Cruz al Hombro, así como a la Virgen dulcísima del Valle en el Misterio de sus Dolores en la Pasión de su Hijo Santísimo. Nuestro testimonio cristiano ha de permanecer intacto, aunque no podamos salir a la calle y debemos usar de todos los medios a nuestro alcance para anunciar a Cristo, para evangelizar y para proclamar al Dios hecho hombre que murió y resucitó por salvarnos.

Elevemos preces al Señor, nuestro Dios, para que esta situación pase pronto y recobremos nuestra vida cotidiana junto a nuestros hermanos, pero también junto a familiares y amigos a los que no podemos ver o abrazar en estos días. Pensemos que, quizás, esta privación de lo básico, de lo esencial, de lo fundamental de la vida es la penitencia que Dios quiere para nosotros este año y que meditemos así sobre la lección que de algún modo quiera enseñarnos. Conservemos la Esperanza, a imagen de María; nunca nos debe faltar.

Finalmente os invito, como miembros de la Iglesia a elevar oraciones para que el Señor Coronado de Espinas con la Cruz al Hombro esté cerca de los afligidos y los enfermos y sus familiares; dé fuerza y proteja al personal sanitario, a los miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y a todos aquellos que, al servicio de la sociedad, se exponen al contagio de esta enfermedad en su trabajo cotidiano; ilumine a nuestros gobernantes y nuestro Pastor en las decisiones que tengan que tomar.

Ponemos estas intenciones en las maternales manos de Nuestra Señora, la Virgen del Valle, Salud de los Enfermos y Auxilio de los Cristianos.

Decimos en estos momentos de tribulación como los primeros cristianos sub tuum praesidium confugimus, bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios.

Virgen Bendita del Valle, ruega por nosotros

Gonzalo Pérez de Ayala González
Hermano Mayor