“La Función Principal de Instituto”

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Fotografía: Javier Mejía Rojo.

…¡Y qué goce tan íntimo y profundo el del cofrade en estos días de sus cultos!

¡Y cómo reconforta el espíritu cristiano esa serie de actos litúrgicos que en ellos se celebran!

Hay uno, cuando terminado el culto vespertino los hermanos portando sus hachetas pasan con el Padre que ocultó e impartió su bendición con el Santísimo, hasta la sacristía, que es un poema de cristiano sentir. Allí se reza un padre nuestro por aquellos otros que se marcharon para siempre y cada cual ensimismado en sus recuerdos, va representándose a aquellos que fueron de su mayor afecto y cariño, y yo creo, que es ésta en su augusta sencillez, la oración más medida y pausada del cofrade, porque en ella parece como si acariciase entre las mismas manos, la sagrada memoria de quienes un día les predecedieron y les encauzaron en este camino santo, del servicio obligado a lo divino.

Y como fin de esos días solemnes, viene -broche de amor y gloria, mitad misticismo, mitad alegría íntima desbordante- la Función Principal de Instituto.

Este día es superior a todos para el cofrade; superior inclusive a aquel en que su cofradía realiza la estación de penitencia.

Y esto que puede resultar un tanto inexplicable, tiene una sencillísima explicación. Y es que este día, vive la realidad del sueño acariciado durante tantos meses. Y tiene sobre aquel, ¡bendito egoísmo cofradiero! el sabor de lo recogido, de lo fraterno, de lo que quedó para él y para los suyos, sin tener que dar a nadie ni la más mínima participación, como ocurre en la manifestación procesional.

Ese día de la Función Principal, puede considerarse por tanto, como el día «máximo» del cofrade. Compendia para él, el día del Padre y el de la Madre. La reconstrucción de las horas más puras y el conjunto total de las supremas satisfacciones. Y todo esto, como envuelto en un albo paño de tristeza nostálgica de lo que pasó, que viene como a perfeccionar el puro sentimiento.

Día dedicado íntegramente a la veneración de su imagen predilecta. Día de total apartamiento y elevación.

Día único. Día santo. Día, en fin, en que el cofrade de la mano misma de su Dios -al que recibió en las primeras horas de la mañana- vive como una participación real y anticipada del Reino por Él prometido.

Antonio Rodríguez Buzón

Perfil

Trazos de la Semana Santa Sevillana (1946)